Para ser infectados por Legionella, aparte de que tiene que haber un reservorio de agua, éste se tiene que amplificar por medio de las redes de conducción artificial de esta.

 

Tiene que llegar a nosotros en forma de aerosoles (microgotas a duchas, torres de refrigeración, piscinas en movimiento…), es decir si se dispersa por el aire y entra dentro de nuestro sistema respiratorio, puede producirnos infecciones (neumonías). Es una enfermedad que se desarrolla sobre todo en países industrializados de manera más elevada.

 

Las bacterias de la Legionela pueden sobrevivir a temperatura ambiente durante más de un año en el agua. Entre 20 y 50ºC se propagan, a menos de 20ºC permanecen en letargo. A más de 70ºC mueren.

 

Los aerosoles de los cuales hablábamos pueden llegar a alcanzar algunos metros, pero no largas distancias. Cuanto más pequeñas las gotas, más fácilmente pueden entrar a nuestros pulmones y más tiempos permanecen en suspensión en el aire.

 

No es una enfermedad que se contagie persona a persona y no existen los portadores crónicos del microorganismo.

 

Dependiendo de cómo sea la persona expuesta a estos aerosoles (edad avanzada, fumadora, otras enfermedades…) , el tiempo que pase expuesta a los mismos y a la virulencia de la bacteria, puede provocar la aparición de la enfermedad o brote.

 

Es importante tener en buenas condiciones la instalación (limpieza, desinfección, tramos de agua estancada…) y sin duda, es necesario consultar, aprender y aplicar toda la legislación vigente en materia de prevención y control de la legionela.

 

Teniendo en cuenta esto, ya ha sido editada la nueva NORMA UNE, 100030 de abril 2017, sobre ” Prevención y control de la proliferación y desanimación de Legionella en instalaciones”.